CAJÓN DE SASTRE DE UNA HORMIGA DISIDENTE







sábado, 2 de mayo de 2009

INVOCACIÓN






En medio de la multitud ella consigue erguirse sobre sus piernas, su espalda se endereza y puede ver a toda la gente agachada, mirando hacia el suelo. Hasta entonces creía que la condición normal era esa, sin perspectiva, solo dos dimensiones. Siente un poco de vértigo, no está acostumbrada a esa posición. Su campo de visión se ha ampliado enormemente, antes solo podía ver a las personas que estaban a su derecha o izquierda, más allá los demás cuerpos le impedían la visión.
Sabe que está entre ellos pero no puede diferenciarlo. Se camufla muy bien adoptando el mismo aspecto que los humanos. Está decidida.
-¡Satanás! –grita sin miedo.
Uno de los cuerpos se yergue. Puede ver como la espalda se ensancha, se abren unos brazos enormes y la cabeza se gira lentamente. Es una cabeza gigantesca, ha perdido toda proporción humana y se asemeja más a una fiera. La mirada es terrible y amenazadora. Los ojos relucientes se clavan en la mujer que le invocó. Un rugido se oye atronando el espacio que les separa. Incomprensiblemente la masa humana no se inmuta. El sonido pasa por encima de ellos. Así como no pueden ver lo que está más arriba de sus cabezas tampoco pueden oír nada que no esté a la altura de sus oídos.
“Ahora puedo verte, ya te tengo donde quería,” piensa la mujer pero un escalofrío recorre su espalda.
“También te verán ellos y sabrán al fin cual es tu propósito, ya no tienes escondite, te has delatado tu mismo”
El monstruo se mueve hacia ella emitiendo rugidos incomprensibles.
-¡Levantaos! ¡Mirad, aquí le tenéis! –grita, pero nadie se mueve. Entonces se da cuenta. No pueden verle ni oírle. Solo ella está frente a frente con el monstruo, no tiene escapatoria ni puede esconderse, no hay nadie más erguido, no ha servido para nada su invocación. Su atrevimiento será un sacrificio inútil.
-No me das miedo –dice pero su cuerpo tiembla.
“Mis piernas son débiles, no me aguantarán mucho tiempo más no estoy acostumbrada a esta posición, pero no voy a volver abajo, no me esconderé entre la multitud. No hay vuelta atrás.”
Siente que la sujetan. Manos y brazos se aferran a su cuerpo y lo elevan. Algunas cabezas se han vuelto hacia arriba y la miran esperanzadas...

Ahí me desperté, todavía siento el escalofrío.

MCD MAYO 09
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